Por: Elimelec Medina
Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Bayamón
Voluntario del Proyecto de Tortugas Marinas en el Área Oeste
Foto del tinglar por: Edward Hernández

El área oeste de Puerto Rico se compone de unos 14 pueblos, de los cuales Isabela, Aguadilla, Aguada, Rincón, Añasco, Mayagüez, Cabo Rojo y Lajas (se incluyen los pueblos de Quebradillas y Guánica), tienen playas, cuya extensión abarca, aproximadamente, de 90-94 millas. Existen tres  especies de tortugas marinas que anidan en el área oeste. Dos de ellas, la tortuga verde (Chelonia mydas) y el tinglar (Dermochelys coriacea)  utilizan las aguas cercanas a la costa como habitáculo de forrajeo. La tercera, la caguama o peje blanco (Caretta caretta) es visitante ocasional de estas playas.

El Proyecto de Tortugas Marinas del Área Oeste lleva 22 años realizando trabajos de saturación (conteo y marcado de las hembras anidadoras) de las especies tinglar y carey. Con tags metálicos que tienen una numeración de identificación, se marcan las tortugas con el propósito de obtener datos que contribuyan a la conservación y a la protección de estas especies. Durante los pasados 20 años, se han recopilado datos sobre la anidación de las tres diferentes especies mencionadas. Estos demuestran la presencia de tortugas marinas en el área oeste y la utilización de las playas por dichos animales (véase la gráfica).

Entre todas las playas visitadas por medio del Proyecto, sobresale la Playa del Pueblo de Añasco ya que la misma es el área de mayor densidad o de actividad de anidación del tinglar. Por ende, la zona que ocupa un lugar prioritario. Esta playa cubre, aproximadamente, unos 6 kilómetros de distancia, donde pueden se pueden encontrar 80 nidos, en un año de poca actividad, a 230 nidos, en un año con mucha actividad. En este orden de actividad, le sigue playa El Pastillo, en Isabela, donde la cantidad de nidos puede variar entre los 40 a 60 nidos por temporada. Existen otras playas con menor cantidad de anidación, tales como: las playas de Mayagüez, específicamente en el área de Jardines del Caribe, las de Rincón, entre las que se destacan la playa Sandy Beach o también conocida como playa del Tamboo, y la playa conocida como la poza de Teodoro en Isabela.

La anidación puede variar por playa, especie, temporada y condiciones climáticas, lo que produce una variación en la anidación anual para las diferentes especies (entre 1 a 30 nidos de tortugas marinas por área y año). Las grandes distancias entre las principales playas de anidamiento—ubicadas en los pueblos de Rincón, Aguada, Isabela y Cabo Rojo—dificultan los trabajos de recolección de datos, así como también la fragmentación de la zonas de anidamiento. Los pueblos de Aguadilla, de Mayagüez, de Quebradillas y de Guánica, por su parte, poseen áreas de anidación fragmentadas debido a dos razones principales: la primera es por barreras geológicas naturales, como son la presencia de acantilados o la no existencia de extensas playas arenosas, y la segunda razón está vinculada con los efectos antropogénicos en la playa como por ejemplo, las estructuras edificadas por los seres humanos que impactan adversamente la composición natural de la playa (por ejemplo, los muelles de Mayagüez).

Por consiguiente, las playas arenosas y las zonas circundantes, con frecuencia, están copadas por: edificios, negocios, casas y vehículos, entre distintos tipos de instalaciones, medios de transportación y equipos recreativos que impiden que existan las condiciones apropiadas para el anidamiento. Esto a su vez, provoca la proliferación de luces artificiales que desorientan a los neonatos durante la eclosión. La accesibilidad a estas áreas de anidamiento, al igual que la falta de respeto por la naturaleza, por su parte, facilita las actividades de saqueos y hurto de nidos, especialmente en los pueblos de Rincón, Cabo Rojo y Guánica. Mientras, decenas de personas acuden a las playas entre Middles hasta la Villa Pesquera, en Isabela, a correr en sus vehículos campo traviesa o four tracks, sobre las arenas en las que, con frecuencia, se depositan los huevos de las tortugas.  Todas estas actividades humanas negativas se suman al desinterés en reforzar las leyes que protegen la Zona Marítimo Terrestre y el Reglamento de Especies Protegidas.

 

El futuro de las tortugas marinas

La problemática de las grandes distancias entre playas y el reducido personal disponible para hacer el trabajo nos hace preguntarnos qué pasará con las tortugas marinas en un futuro. La respuesta dependerá, claro está, de las iniciativas de las comunidades y las universidades dispuestas a trabajar de manera voluntaria para la conservación de estos animales en peligro de extinción. La iniciativa iniciada por el doctor Robert Mayer y el Programa de Vida Marina de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla constituye un ejemplo de esta labor. Éstos hacen censos diurnos en las playas de Sardinera o Short Island y Pastillo, en Isabela, y realizan un conteo de actividad de anidamiento para el área de Isabela, al tiempo en que desarrollan una campaña agresiva dirigida a la comunidad universitaria para la educación y la conservación de la especie. Asimismo, les permite a los estudiantes obtener experiencia de campo en el área de investigación científica de las tortugas marinas.

Es necesario que las comunidades se involucren más en la protección de los nidos y desarrollen campañas agresivas a favor de la conservación, particularmente en las comunidades donde habitan tortugas marinas. La responsabilidad que el ser humano tiene hacia el Planeta nos obliga a conservar y proteger estas especies que se encuentran en peligro de extinción. De nuestro empeño y determinación, dependerá su protección.