Por Rosarito Morales

Hace 18 años que soy residente permanente de la isla de Culebra y mis trabajos en favor de la conservación de la naturaleza durante 13 años me han brindado la oportunidad de observar el desarrollo que se ha estado dando en nuestra isla municipio.

Durante todos estos años he sido testigo del lento pero devastador deterioro de uno de los lugares más hermosos y de más valor ecológico de Puerto Rico.  Pero más importante aún, desde el punto de vista de planificación urbana, he sido testigo del incipiente deterioro social causado por la mala planificación, especialmente por la llegada de mega proyectos residenciales y turísticos que nada tienen que ver con nuestra comunidad, con nuestros mejores intereses económicos, con nuestros recursos naturales ni con nuestra calidad de vida. La gran cantidad de proyectos de esta clase propuestos para Culebra es un ataque frontal a este pueblo que tanto ha luchado por mantener su identidad y su integridad.

Culebra ha sido hasta el momento una sociedad integrada donde conviven distintas clases económicas y sociales y donde no existen comunidades cerradas ni caseríos. Está probado que la división de clases en una comunidad promueve el crimen y el descontento social. Culebra no necesita caseríos ni tampoco comunidades cerradas.

Hemos escuchado hasta la saciedad la importancia de que los desarrollos sean sostenibles. Sin embargo cuando vemos lo que se propone para esta pequeña y preciada isla, da ganas de llorar o de reír, el cinismo con que se usan palabras tan lindas como eco turismo y desarrollo sostenible para promover desarrollos que Culebra no puede sostener. El proyecto Costa Bonita nos ha ofrecido el mejor ejemplo para saber los daños ambientales, los daños sociales y el poco progreso económico que proyectos de esta clase significan para nuestra comunidad. Este proyecto, no sólo destruyó mangles, sino que acabó con la belleza de la entrada de nuestra bahía, causó problemas sociales y no generó ni una fracción de los empleos que prometía. La construcción desmedida de proyectos turísticos que no tomen en cuenta el tamaño de la isla, el bienestar de sus residentes, nuestro futuro económico y la protección de nuestros recursos naturales no son desarrollos sostenibles.

El Proyecto Villa Mi Terruño es de singular desgracia para Culebra por su colosal tamaño.  Basta con mirar el tamaño del pueblo y de la Barriada Clark para darnos cuenta de que Villa Mi Terruño está totalmente en desproporción con el pueblo y con la bahía Ensenada Honda. El pueblo será aplastado por una masa enorme de cemento y la llegada de miles de personas y automóviles. Los culebrenses terminaremos siendo una aldea al servicio de esta mole de cemento y sus propietarios. Las más de cien cuerdas de terreno en cuestión estarán cubiertas por grandes estructuras de cemento que cubrirán de costa a costa la única área totalmente verde que queda cerca del pueblo y alrededor de la bahía. Villa Mi Terruño es un proyecto gigantesco que se apoderará del pueblo y su barriada,  traerá  hacinamiento, causará problemas de tráfico, problemas con los abastos de agua y alcantarillado, y cambiará la naturaleza de pueblo pesquero y tranquilo que es lo que atrae al turista a nuestras costas. Lo único que tendrá de “terruño” es el recuerdo de cómo era ese precioso monte antes de que lo destrozaran.

Ya el planeta tiene todas las Rivieras necesarias para saciar el interés del tipo de turista que las mismas atraen. Este concepto de desarrollo turístico alcanzó su cúspide en los años 50 y ya está totalmente pasado de moda y de cordura. Ese tipo de desarrollo respondía a una época totalmente distinta a la realidad del planeta en este siglo. Ya en el Caribe tenemos ejemplos devastadores de lo que este tipo de desarrollo significa. Basta con mirar a nuestra hermana isla de St. Thomas para saber que eso no es lo que queremos aquí. El futuro económico de nuestra isla no está  en imitar conceptos obsoletos para atraer turistas. Culebra es una isla para el futuro, que con un desarrollo bien planificado y verdaderamente sostenible, servirá para satisfacer la necesidad cada vez mayor de un turismo mundial hambriento de sentirse parte de la naturaleza y de visitar las pocas áreas que quedan en el mundo que aún no han sido destrozadas por la avaricia sin visión que ha destrozado islas y costas en el mundo entero. ¿Cómo es posible que un gobierno que presume de ser moderno proponga desarrollos anacrónicos para el desarrollo económico de Puerto Rico? Cuando el mundo civilizado ya ha aprendido de los errores de los años 50 y 60, aquí seguimos proponiendo un modelo fracasado. Puerto Rico se está convirtiendo en el hazmerreír del mundo civilizado.

No puedo entender cómo se puede justificar un proyecto como éste cuando está obviamente en contra de todos los postulados de buena planificación y a toda luz es totalmente insostenible. Para empeorar las cosas, acabará con nuestro recurso turístico que exige nuestras bellezas naturales. Nuestro desarrollo económico y nuestra calidad de vida no se pueden sacrificar a favor de un solo proyecto de desarrollo.

Me preocupa sobremanera el hecho de que Villa Mi Terruño ya ha sido multado por la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA) por contaminar las aguas de Culebra, antes de empezar la construcción. ¿Qué podremos esperar cuando empiece la construcción?

Los proyectos que Culebra necesita para su desarrollo turístico y económico son las pequeñas hospederías y proyectos que a pequeña escala integren el cemento o la madera con la naturaleza para crear habitaciones de un estilo rústico y playero a mucho a menor escala de lo que se propone actualmente. De esta manera más personas se beneficiarán económicamente y se podrán evitar mejor los daños ambientales. El desarrollo bien planificado no tiene por qué destruir manglares, matar corales, contaminar las aguas y acabar con los encantos de Culebra. Todo esto se puede lograr con una supervisión gubernamental adecuada no sólo en la fase de planificación de los proyectos sino también durante su construcción.

Por favor, no permitan este proyecto ni los otros tantos de este tipo que se proponen para Culebra.  Éstos atentan contra nuestro futuro económico, nuestro estilo de vida, nuestros paisajes y recursos naturales, ambientales y sociales. El daño será irreversible.

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