Por: Milton D. Carrero Galarza

José Rafols ya perdió la cuenta de la cantidad de personas que ha rescatado del agua en los más de 30 años que lleva practicando el deporte del surf en la playa Jobos de Isabela. Sin embargo, no olvida a los dos bañistas que socorrió de las olas cuando ya era muy tarde y que luego vio morir en la arena.

Es un sufrimiento que comparte con los familiares de esas personas que vinieron a disfrutar de un día placentero de playa y sucumbieron ante el mar.

Rafols no es salvavidas, pero debido a que no existe un programa de socorristas en las playas alrededor de Puerto Rico, él y otros surfistas se ven forzados a diario a rescatar a los bañistas. Asriel Gonzalez, también surfista de la zona, ha rescatado hasta cinco personas en un día, cosa que no es rara, según explica Rafols.

En Puerto Rico mueren ahogados alrededor de 50 personas todos los años, 25 en el mar y 25 en otros cuerpos de agua, según Ruperto Chaparro, director del Programa Sea Grant de la Universidad de Puerto Rico con sede en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM). La estadística, según afirma, es inaceptable cuando se compara con playas en los Estados Unidos, que con un número mayor de visitantes, enfrentan menos fatalidades, gracias a la presencia de un salvavidas.

La mayoría de esas muertes, dice Chaparro, se podría evitar si el Gobierno y la ciudadanía tomaran las debidas precauciones. Según señala,  este tema se discute en Puerto Rico desde hace 23 años, pero  aún no se ha establecido un programa que asigne salvavidas a las playas del archipiélago.

“Nosotros estamos invitando a los turistas y a los mismos puertorriqueños a que vayan a nuestras playas a ahogarse o a tener una pérdida de un ser querido”, expresa al reiterar la importancia de que las autoridades tomen acción ante la situación de escasez de guardavidas.

Celia Seda, turista de Nueva York, cuenta que durante las pasadas tres semanas ha visitado las playas en Isla Verde, Cabo Rojo, Dorado e Isabela, y en ninguna ha visto un salvavidas. Por esta razón, preparó a su hijo de cinco años con flotadores y no le perdió de vista durante el tiempo que estuvo en la playa.

¡Qué se salven más vidas!

Si bien es cierto que el Gobierno debería tomar medidas más rigurosas para prevenir accidentes en las playas, los ciudadanos también deberían tomar precauciones para evitar una tragedia.

El director del Sea Grant recomienda revisar las condiciones del tiempo antes de salir de su hogar. Señala que cuando hay marea alta, se pueden formar corrientes de resaca, las cuales incrementan el riesgo de un accidente. Agrega que es conveniente hablar con las personas locales de la playa para aprender acerca de las precauciones a seguir. Advierte que el fondo del mar es irregular y podría tomarle desprevenido.

Asimismo, aconseja evitar nadar solo. Si anda con niños, manténgalos cerca y con flotadores. Si va a tomar alcohol, es como si fuese a guiar un carro, no entre al agua, puntualiza.

También insta a desarrollar sus destrezas acuáticas. “Saber nadar no es que te tires a una piscina y salgas al otro lado en la orilla”,  dice Chaparro. “Saber nadar es que tú puedas estar una hora en el agua. O que puedas saber cómo actuar en una corriente de resaca”.

Indica que las corrientes de resaca, en donde el agua se transporta de la costa nuevamente hacia el mar, son capaces de arrastrarle con fuerza. Para salir de ella, se debe nadar paralelo a la costa o dejarse llevar de forma relajada hasta que la misma corriente le saque. Lo importante es no desesperarse o nadar en contra de la corriente.

Por otro lado, es crucial que se obedezcan los rótulos de precaución. Manuelle Speiser y Stephane Lagache, turistas de Martinique, fueron algunos de los que recientemente desafiaron los letreros de seguridad en la playa Jobos de Isabela para escalar un peñón en donde suelen romper las olas muy de cerca. Rafols comenta que frecuentemente ve a las personas caer y sufrir cortaduras severas, al rodar sobre las piedras puntiagudas tras el golpe de una ola.

“A los franceses nos gusta el peligro,” dice Lagache. Es una actitud que también abunda en Puerto Rico. “Si yo fuera otra persona, yo seguiría lossigns, comenta Asriel Gonzalez acerca de los rótulos de precaución en la playa Jobos de Isabela.“ Si no soy de aquí y yo no conozco la playa, yo no me voy a meter así al garete”.

Aproximadamente 25 personas mueren ahogadas anualmente en las playas de la Isla.

Aproximadamente 25 personas mueren ahogadas anualmente en las playas de la Isla.

Ruperto Chaparro (a la izquierda) conversa con José Rafols (derecha), instructor de surf que ha rescatado decenas de personas de un posible ahogamiento.

Son los surfistas los que en la mayoría de las veces actúan como socorristas, esto ante la falta de salvavidas en las playas de Puerto Rico.

Ruperto Chaparro (a la izquierda) conversa con José Rafols (derecha), instructor de surf que ha rescatado decenas de personas de un posible ahogamiento.

Ruperto Chaparro (a la izquierda) conversa con José Rafols (derecha), instructor de surf que ha rescatado decenas de personas de un posible ahogamiento.

Se exhorta a los ususarios de las playas a que sigan las directrices de los rótulos y se orienten sobre las características del lugar.

Se exhorta a los ususarios de las playas a que sigan las directrices de los rótulos y se orienten sobre las características del lugar.

Related Posts

Leave a Reply