Por Milton D. Carrero Galarza y Cristina D. Olán Martínez

La historia habla por sí misma.

Un paseo en lancha entre las costas de Rincón y Aguada lo ilustra. De camino, una línea de surfistas aprovecha cada arco de las olas para subirse a un recorrido que desemboca frente a una planta nuclear en desuso. Un fulgor transparente sobre las olas traza el paso del sol en el azul del mar, que se extiende en el océano hasta chocar con una piscina de desperdicios, patógenos y sedimentos que impregnan de marrón la superficie marina.

Son las aguas usadas de la Planta de Tratamiento de Aguada que se confunden con las descargas del río Culebrinas a media milla de la costa. Y a sólo minutos de la zona de descarga, una manada de delfines se pasea por el mar.

Es la paradoja de belleza y contaminación que compite a diario por nuestras costas, nuestros ríos, nuestra agua potable. Esta colisión entre conservación y destrucción es la que enfrentan las agencias gubernamentales a la hora de decidir entre otorgar un permiso a aquéllos que proponen explotar algún recurso natural o atender los reclamos de aquéllos que se oponen y exigen que el desarrollo se lleve a cabo de manera sustentable.

En este caso, el conflicto lo propicia la Planta de Tratamiento de Aguas Usadas de Aguada que solicita una dispensa a la Agencia de Protección Ambiental, EPA por sus siglas en inglés, para continuar descargando estas aguas usadas, tratadas solamente a nivel primario, a menos de 800 metros de la orilla del mar. Esto no tan sólo preocupa a los pescadores, a los bañistas y a los vecinos, sino que promueve un nivel de tratamiento que está prácticamente extinto en los Estados Unidos y en otros países desarrollados.

Actualmente, hay cerca de 19,000 plantas de tratamiento en los Estados Unidos y sus territorios, según la EPA. De ésas, sólo 37 son de tratamiento primario, de las cuales seis están localizadas en Puerto Rico –aproximadamente un 16 por ciento de todas las plantas de tratamiento de aguas usadas en todo Estados Unidos y sus territorios.

™La EPA puede discriminar contra Puerto Rico porque si intervienen con las plantas de tratamiento de aguas usadas aquí, tendrían que aportar fondos para ayudarlas a subir su nivel de tratamiento,∫ explicó la doctora Ana Navarro, especialista en calidad de agua del Programa Sea Grant de la Universidad de Puerto Rico.

Según el doctor Jorge García Sais, quien hizo un estudio exhaustivo de las aguas aledañas a la zona de descarga de la Planta de Tratamiento, hay una presión ™gigantesca∫ de parte del gobierno para que se concedan estas dispensas debido al costo que conllevaría aumentar el nivel de tratamiento de las aguas usadas que regularmente son descargadas al mar.

Para Edwin ™Paúco∫ Font, pescador con más de 40 años de experiencia en las costas de Puerto Rico, el costo ambiental es mayor que el económico. Según Font, el agua de la zona de descarga está turbia 300 de los 365 días del año. Él lo sabe pues depende de esos días en que el agua está clara para pescar langostas a sólo media milla de la zona de descarga. Además, durante los pasados 20 años, navegó esas aguas diariamente rumbo a su zona de buceo en Isabela.

™Yo tengo una marquita ahí y estoy pendiente a que eso aclare,∫ señaló Font.

A pesar de que diversos científicos que han evaluado las aguas señalan que la zona tiene una capacidad rápida de mezcla, su experiencia es que las corrientes son muy lentas y no permiten que los sedimentos y los contaminantes que descarga el río y la planta de tratamiento se disipen fácilmente.

En el caso de la Planta de Tratamiento de Aguada, el tubo de evacuación se encuentra a una distancia de menos de media milla de la orilla y existe un desacuerdo en cuanto a la profundidad del mismo.

Una visita a las coordenadas que la Planta de Tratamiento cita en la solicitud de dispensa demuestra que la zona tiene menos de 30 pies de profundidad. Sin embargo, oficiales tanto de la EPA como de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillado (AAA) señalan que el tubo está a una profundidad mayor. Mientras Jaime Géliga, de la EPA, indica que el tubo descarga a 60 pies de profundidad, el ingeniero Juan Carlos Pérez Bosill, Director de Cumplimiento de la AAA a nivel central, dice que el tubo puede llegar a 80 pies. García Sais señala que el tubo está a 45 pies de profundidad, siendo así el desagüe de menos profundidad de todas las plantas de tratamiento primario en el país.

™La marca que yo tengo es media milla más (lejos) y es 42 pies, así es que es imposible que eso tenga 60 pies,∫ indicó Font.

Los oficiales de ambas agencias también difieren de los pescadores, de los científicos y de los bañistas acerca de la probabilidad de que los contaminantes lleguen a la costa.

™Pudieran llegar y llegan porque están descargándose en la bahía,∫ expresó García Sais. ™Yo no creo que esta planta es beneficiosa para nadie.∫

Además de la concentración de patógenos que se encuentran en las aguas cercanas al desagüe de la planta de tratamiento, la contaminación también contribuye a la proliferación de medusas, lo cual pudiera alterar el balance del ecosistema, explicó García Sais.

Y aún con estos riesgos, por diversas razones, es muy difícil medir el impacto ambiental directo de las descargas de la planta de tratamiento.

™El que hizo esto es un genio,∫ refiriéndose a cómo la Planta de Tratamiento es capaz de enmascarar sus descargas con las del río. ™Se confunden los contaminantes.∫

Cuando llueve, las descargas del río son mayores, lo que hace aún más difícil la tarea de distinguir qué patógenos vienen del río o proceden de la  planta de tratamiento. Y aunque el muestreo comienza dentro de la planta de tratamiento, mientras el río siga descargando grandes cantidades de agua es difícil establecer un enlace categórico entre los contaminantes y la planta de tratamiento.

Es por eso que la Planta de Tratamiento, en la Certificación de Compatibilidad con el Programa de Manejo de la Zona Costanera, indica que no existe ningún impacto adverso al ambiente marino de la zona.

Pero los que han estudiado las aguas de la zona saben que el efecto de estas descargas en el mar no se puede obviar.

™Yo no he dicho que no tiene un efecto,∫ aseguró García Sais, quien sugiere que se realicen pruebas en el agua durante las épocas de sequía. De esta manera, indica el experto en oceanografía biológica, se puede atribuir con mayor seguridad la relación entre los contaminantes en el agua y las descargas de la planta de tratamiento que inevitablemente tendrán que arrojar al mar.

™Es como cuando tienes que hacer una necesidad biológica,∫ señaló, ™tú lo puedes aguantar y aguantar, pero tarde o temprano tienes que ir al baño.∫ En otras palabras se debe muestrear en las aguas durante la temporada de sequía cuando la planta alcance su capacidad de almacenamiento de aguas tratadas y se vean obligados a descargar.

No obstante, el que no se pueda establecer un enlace directo entre las descargas de la planta de tratamiento y la presencia de patógenos en el mar, no significa que no afecte el ecosistema. El argumento es similar al que utilizaron las industrias tabacaleras durante mucho tiempo para negar que fumar causa cáncer.

™Una vez tú tiras algo dañino, algo vas a impactar negativamente,∫ manifestó el pescador. ™Tú no estás tirando agua destilada, ni agua de manantial. Tú lo que estás tirando es agua contaminada. øCómo no va a afectar?∫

Aunque ninguno de los tratamientos dejaría el agua igual que si fuera destilada, un tratamiento secundario disminuiría significativamente el impacto ambiental.

Normalmente, las aguas usadas de las fábricas, de las empresas y de aquellos hogares conectados al sistema de acueducto llegan todas a la tubería de alcantarillado sanitario. En ese lago de desperdicios, dice Pérez Bosill, representante de la AAA, se puede hallar de todo: desde troncos, latas y toallas sanitarias, hasta animales y– en ocasiones contadas– fetos de bebé. Se desplazan hasta una estación de bombas donde son impulsadas en su recorrido hacia la planta de tratamiento.

En el tratamiento físico o primario, el afluente pasa por unas parrillas o rejillas, desarenadores y trituradores que remueven los sólidos de mayor tamaño. El filtrado pasa luego por unos tanques de sedimentación que precipita los sólidos al fondo, separándolos del agua que permanece en la superficie. El llamado lodo o cieno que queda en el fondo se envía a un digestor o se airea para ir luego al vertedero, ser incinerado y/o usado como composta en la agricultura. El agua, a su vez, es descargada al mar, después de ser tratada con cloro.

La clorinación por sí sola, según explicó Navarro, no basta para asegurar que se erradiquen las bacterias antes de que el efluente sea lanzado al mar. Si bien es necesario que la planta continúe descargando los millones de galones que consume la comunidad diariamente, es vital que se tomen mayores medidas para disminuir la contaminación, puntualizó Navarro.

™El `issue’ no es que no se descarguen las aguas tratadas, sabemos que tienen que descargar, lo que queremos es que mejoren el tratamiento,∫ expresó.

Es el mismo reclamo que hace Jorge Sepúlveda, vecino de la Planta de Tratamiento y presidente de Ciudadanos Aguadeños Pro Conservación del Ambiente.

™Esa planta tiene la capacidad para hacerla secundaria,∫ señala Sepúlveda. ™øPor qué la EPA no le exige? Tienen una medida distinta en Puerto Rico. Aquí permiten unas cosas que allá no,∫ expresó refiriéndose a los EUA.

En el tratamiento secundario, las aguas, además de ser sometidas inicialmente al proceso de tratamiento primario, también pasan a otro tanque en donde se degradan los sólidos restantes hasta eliminarlos. Para asegurar que no queden sólidos sedimentables, el agua vuelve a pasar por otra separación física en otro tanque antes de lanzarse al mar, tras desinfectarse con cloro. Un tratamiento terciario, removería del agua substancias tales como nitratos, nitritos y amonia para evitar restringir la cantidad de oxígeno disponible en el mar, necesario para sustentar el ecosistema marino.

Según Perez Bosill, quien supervisa el desempeño de las seis plantas de tratamiento primario en la isla, la inversión mínima necesaria para llevar la planta a nivel secundario es de $100 millones, eso sin contar los gastos de mantenimiento que también serían cuantiosos.

Sin embargo, con las alzas en el precio del servicio de agua, expresó Ruperto Chaparro, director del Programa Sea Grant de la Universidad de Puerto Rico, lo menos que debe hacer la AAA es asegurarle al pueblo que no están contaminando las playas del país ni comprometiendo la atracción más importante para las industrias de la recreación y del turismo.

™El que el gobierno no reconozca la necesidad de ofrecer tratamiento secundario a las aguas usadas representa una falta de interés en el manejo adecuado de un recurso natural que constituye un habitáculo esencial para los mamíferos marinos y las pesquerías, apuntó Chaparro.

No basta con confiar en que la AAA opte por hacer mejoras, es necesario que la comunidad se organice para provocar los cambios, comentó el profesor Juan Carlos Martínez Cruzado, quien fue instrumental en la lucha que libraron los residentes de Mayagüez para propiciar que la Planta Regional de Tratamiento de Aguas Usadas de Mayagüez optimizara su servicio de primario a secundario.

En el caso de Mayagüez, se requirió una lucha de más de una década en la que la comunidad ejerció presión hasta el punto de ir a Washington a testificar frente a la EPA. Y rindió frutos, pues recientemente esta planta de tratamiento obtuvo un galardón por su desempeño otorgado por la National Association of Clean Water Agencies.

Sepúlveda y los vecinos de la zona de descarga en Aguada se opusieron en el 2003 cuando la Planta de Tratamiento de Aguada solicitó la misma dispensa. Aunque perdieron la batalla en los tribunales su lucha logró que disminuyera el mal olor en la costa.

™No es que nos hemos rendido,∫ dijo Sepúlveda, ™lo que estoy diciendo es que no es fácil.∫

Conseguir un cambio en esta ocasión resulta ser igual de cuesta arriba, pues Géliga, quien es Jefe de los Programas de Aguas Municipales en la División de Protección Ambiental del Caribe, división de la EPA que evaluará el caso, ya ha dicho que es muy  probable que la Planta de Tratamiento obtenga nuevamente la dispensa.

Mientras se mantenga el patrón de otorgar dispensas a las plantas de tratamiento primario en vez de ayudarlas en la transición para que el tratamiento se mejore a secundario, expresó Martínez Cruzado, le estamos enviando el mensaje equivocado a la población que depende de los recursos costeros cerca de la zona de descarga.

™øCuál es la ruta que vamos a tomar?,∫ señaló Martínez Cruzado, ™Si vamos a tomar la ruta de que somos un vertedero, por lo tanto no va a haber proyectos de turismo, restaurantes ni pesca cerca de las playas, o si nos vamos a dar a respetar y vamos a desarrollar nuestro entorno de una forma saludable.∫

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