“Del mar llegó Moisés, Moisés llegó del  mar, llegó en un atardecer, amor vino a buscar.” Tony Croatto

Este bebé manatí parece estar protegido por algún ángel marino, pues su historia es muy distinta a la de la mayoría de los mamíferos que quedan varados en nuestras costas.

El que conozcamos los detalles de su vida es de por sí una excepción.

Con tan sólo dos semanas de nacido, quedó varado en el Sector Machete en Guayama. Fue avistado por un turista y rescatado por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) para luego ser trasladado al Zoológico de Puerto Rico en Mayagüez. Y aunque aparenta estar solo en su piscina de agua dulce — ya  que no puede recibir visitas del público— lo rodean otros guardianes que cuidan de su salud, vigilan su peso, monitorean el agua y observan su conducta.

Mientras el manatí se recupera, permanece a salvo de los peligros generados por los seres humanos. Es un lujo que pocos mamíferos marinos tienen en nuestras costas.

“La destrucción de su hábitat, (las amenazas de) los botes y los ‘jet skis,’ los derrames de petróleo y sus derivados y el hilo de pesca son algunos de los riesgos que enfrentan los manatíes,” mencionó el doctor Luis Figueroa, veterinario del Zoológico de Puerto Rico. “Destruyen las praderas de Thalassia (especie de yerba marina) y se quedan sin comida,” añadió refiriéndose a algunos dueños de embarcaciones que no tienen el debido cuidado al anclar sus botes en las praderas de hierbas marinas en lugar de hacerlo en boyas de anclaje o en sitios más seguros.

Atender un manatí es una tarea bastante parecida a la de cuidar a un niño recién nacido, según demuestran sus custodios del personal del Programa de Rescate de Mamíferos Marinos (PRMM) del DRNA.

“Al principio lo alimentábamos cada tres horas y estábamos 24 horas junto al manatí,” señaló Luis Figueroa, quien, junto a los señores David Cole, Oscar Vázquez y un nutrido grupo de estudiantes voluntarios, cuida del crío. “Ya tiene dos meses y medio y ha alcanzado un peso saludable de 77 libras. Ahora, trabajamos en turnos de tres horas que comienzan a las 6 a.m. y terminan a la 1 a.m. del día siguiente.”

La mayoría de los mamíferos marinos que habitan nuestras aguas no reciben tanta atención.

A pesar de que las costas y las aguas oceánicas de Puerto Rico están repletas de mamíferos marinos, la información que poseemos acerca de las especies que circundan el archipiélago puertorriqueño es escasa. Aún cuando se sabe que diversos tipos de ballenas y delfines viven y visitan el Caribe durante todo el año, son muy pocos los censos que se han realizado en las aguas de Puerto Rico, lo cual podría ser crucial a la hora de diseñar medidas para su protección.

“Es difícil legislar y tomar medidas si no se conoce la población,” expresó preocupada Grisel Rodríguez del  Laboratorio de Investigaciones Pesqueras en Joyuda, un componente del DRNA. Además, si ocurre un varamiento en masa (que pudiera ser producto de un derrame de petróleo, por ejemplo), ¿cómo vamos a ayudar a los mamíferos a recuperarse si no sabemos cómo era su población? ¿Cómo vamos a saber si el número de individuos es aceptable si no conocemos cuántos había antes?,” mencionó mientras explicaba la importancia de llevar a cabo un censo de la población de mamíferos marinos.

En la mayoría de las ocasiones en que queda un mamífero varado, el animal muere. A veces, pasan días antes de que alguna persona avise al Programa de Rescate de Mamíferos Marinos que hay un animal varado. Mientras más días transcurren, menores son las posibilidades de obtener información acerca de la causa de muerte del animal y de sus patrones de conducta, alimentación y reproducción previos a su fallecimiento.

Además, si los seres humanos desconocen su presencia en nuestros mares o el impacto que está teniendo nuestra conducta en su ecosistema, difícilmente se pueden implementar los cambios necesarios para protegerlos. Los delfines, las ballenas y los manatíes a menudo comen, por equivocación, bolsitas plásticas de comestibles y de hielo. Son heridos por las hélices de los motores de las embarcaciones y se enredan en el hilo de pesca que arrojan los pescadores, lo cual provoca su muerte por asfixia o gangrena. Otros quedan varados, agonizantes, a la orilla del mar.

En las aguas de Puerto Rico se han identificado tres mamíferos marinos en peligro de extinción: la ballena jorobada, el cachalote y el manatí antillano. Estas especies están amparadas bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción.

Así como esta ley protege a los mamíferos marinos en peligro de extinción, existen otras leyes que salvaguardan el bienestar de estos organismos.

A nivel federal, la Ley de Protección de Mamíferos Marinos de 1972 obliga a proteger a los mamíferos marinos y a recopilar la información necesaria para estos fines. Existen muchos factores que contribuyen a la falta de información acerca de nuestros parientes marinos. Asimismo, la Ley 241 de Vida Silvestre de Puerto Rico provee directrices para el manejo, la protección y la conservación de estos organismos en Puerto Rico.

El Programa de Rescate de Mamíferos Marinos del DRNA vela por el cumplimiento de estas leyes.

Pero a pesar de las leyes todavía hay un gran desconocimiento por parte del público acerca de los organismos que viven en nuestros mares y costas y los efectos que tienen las actividades humanas sobre estos cuerpos de agua.

“En Puerto Rico vivimos de espaldas al mar,” señaló recientemente Robert Mayer, profesor de biología en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla.

Existen muchos factores que contribuyen a la falta de información acerca de nuestros parientes marinos. Entre ellos se encuentran la falta de fondos designados para la investigación y las dificultades que conlleva el estudio de los mamíferos marinos.

No obstante, se han realizado algunos esfuerzos para rastrear mamíferos en nuestras playas.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, NOAA, por sus siglas en inglés, ha llevado a cabo algunos censos de ballenas jorobadas esporádicamente y de paso ha documentado la presencia de otras especies, como ballenas piloto, delfines moteados, cachalotes y delfines hiladores, avistadas durante los censos. Por su parte, durante los pasados quince años, el personal de la Red de Varamientos ha hecho censos aéreos de manatíes.

“Es bien sacrificado irse por semanas mar afuera, soportar la intensidad del sol y tratar de avistar especies de mamíferos marinos,” comentó Rodríguez. “No siempre están visibles. Hay que esperar a que salgan a la superficie. No todo el mundo está dispuesto a soportar esas condiciones.”

Debido a las condiciones ambientales de nuestros mares el número de mamíferos en nuestras aguas es menor que en otras partes del mundo. El Caribe es un ambiente oligotrófico, es decir, bajo en nutrientes, y por consiguiente el número de presas es más bajo, lo que se traduce en menos alimento para los mamíferos marinos. Esto ocurre de manera distinta en las zonas templadas como el noroeste de los Estados Unidos donde abundan grupos grandes de mamíferos marinos. Es por esto que las ballenas de Puerto Rico emigran hacia el norte durante los meses cálidos para alimentarse.

En mayor o en menor cantidad, los mamíferos marinos habitan los océanos y los mares de todo el globo y comparten ciertas características. Son vertebrados de esqueleto óseo, tienen sangre caliente, respiran por medio de pulmones, fecundan y desarrollan a sus crías internamente y las alimentan mediante glándulas mamarias. No obstante, existen claras diferencias en el nivel de adaptación al ambiente marino que permiten distinguir unos organismos de otros y ubicarlos en tres clasificaciones: cetáceos, pinnípedos y sirenios.

Debido a esta diversidad de mamíferos marinos y a la escasez de información que existe acerca de ellos en nuestros mares y costas, es vital señalar cuáles son las necesidades en el manejo de estas especies, cómo se van a canalizar los fondos para su estudio e identificar los factores que las están afectando negativamente. Por tal razón, el DRNA y la Comisión de Mamíferos Marinos a nivel federal discutieron estos asuntos en una reunión que llevó a cabo en diciembre de 2008 en Puerto Rico. Además, en dicha reunión, el DRNA y la NOAA realizaron un acuerdo para el desarrollo de un taller de adiestramiento para la respuesta a varamientos. Este taller se efectuará en Panamá en el 2010 y beneficiará a los gobiernos de los países caribeños de habla hispana. También, el PRMM inició una serie de conversaciones con el Laboratorio del Sureste de Miami, perteneciente a la NOAA con el fin de realizar una evaluación de las poblaciones de mamíferos marinos basada en datos históricos.

Esta reunión, al igual que los esfuerzos que realiza el DRNA a través de su Programa de Rescate de Mamíferos Marinos, representa un paso adelante en la protección de estos organismos.

El bebé manatí es una muestra de ello. Aún no tiene nombre pero su recuperación ha sido favorable. Eventualmente, el manatí, al igual que el conocido Moisés en 1994, tendrá que volver al mar, interactuar con otros miembros de su especie y buscar su propio alimento.

Pero al igual que en el caso de Moisés, su interacción cercana con los humanos deja una huella y denuncia silentemente la situación que enfrentan muchos otros mamíferos marinos que quedan varados en nuestros mares y costas.

Quizás la canción que Moisés inspiró de las manos de Tony Croatto aún sirva de portavoz para otros mamíferos sin nombre.

“Hoy al verlo me he puesto a reflexionar,

el lugar de un manatí está en el mar.

Quiero que a su mundo vuelva,

pero siento el gran pesar,

de por ser tan amigable,

algún ser irresponsable,

por maldad o por abuso, lo pueda matar.”

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