Caja de Muertos: Un tesoro en las aguas del Mar Caribe

Al aire libre, Slideshow — Diciembre 3, 2011 5:53 PM

Por: Mydalis M. Lugo Marrero

“La plaza está tomada.” Esas incisivas palabras, pronunciadas por Álida Blanca, la esposa de Miguel Igartúa, le sirvieron de acicate para que José Almeida luchara por el amor de la joven casada. Almeida fue un portugués que arribó a Curazao, a principios del siglo XIX, para olvidar un desamor. Fue en la isla que se enamoró de Álida. Sin embargo, la hermosa mujer no le reciprocó sus cortejos y le advirtió de los celos de su esposo. Almeida, quien juró conseguir el amor de la arrogante mujer, se hizo entonces amigo de Miguel para poder estar más cerca de Álida.

Para ahogar sus penas, Almeida se convirtió en pirata y capitán de la goleta Relámpago. Surcó mares y saqueó barcos, haciendo una vida “de peripecias y emociones.” A su regreso a Curazao, se enteró que Igartúa y Álida se habían mudado a Saint Thomas. Cuando fue a visitarlos, encontró a Igartúa postrado en cama. Este había sufrido un derrame cerebral. Durante su visita, el joven esposo muere y Álida se casa con Almeida. Tras la nupcias, los recién casados continuaron su travesía de piratería por las aguas del Mar Caribe.

En un desventurado encuentro, con una embarcación noruega, Álida muere, al recibir dos disparos de los hombres de aquella goleta enemiga. Almeida se dirigió a una isla al sur de Puerto Rico, con el cuerpo embalsamado de su difunta esposa, y la colocó en una caja de cristal que estaba, a su vez, dentro de una caja de cedro, protegida con planchas de cobre. Todos los meses, Almeida visitaba a su difunta esposa. Esto dio pie para que se pensara que el pirata acudía a la isla a enterrar un tesoro. Luego de ser fusilado en el Morro, en 1832, los marineros de la Relámpago, se encaminaron a buscar el tesoro. Sin embargo, tres de ellos, víctimas de la avaricia, encontraron la muerte. El resto de los tripulantes cargaron con el cuerpo de Álida para darle cristiana sepultura en Saint Thomas. Cuando por orden del gobierno, un ingeniero español visitó la islita para medirla, se topó con las planchas de cobre del ataúd de Álida. Este se limitó a nombrar la isla, en el mapa, Caja de Muertos.

Esta es la leyenda que recoge el arecibeño Cayetano Coll y Toste en su libro intitulado Leyendas puertorriqueñas (1924). Esta hermosa isla, situada a 4.8 millas náuticas del sur de Puerto Rico, es una Reserva Natural desde 1980. Forman parte de la misma los cayos Berbería (al este) y Morrillitos (al oeste). Caja de Muertos goza de una belleza singular. Bañada por cristalinas playas de arenas biogénicas, específicamente de origen calcáreo, la isla es uno de esos sorprendentes espacios que aún guardan su carácter prístino. Estas características, así como el poco contacto que tiene con seres humanos, la hacen un paraíso en las aguas del Mar Caribe. La isla tiene una extensión de 2.75 km de largo y 1.85 de ancho. En este espacio protegido, encontramos acantilados y playas rocosas (8.4 km de extensión) y arenosas (1.6 km de extensión): Playa Pelícano, Playa Ensenadita (pocitas), Playa Larga, Playa Blanca (también conocida como Playa Coast Guard), Playa Chica. Además de ser lugar de anidamiento de tortugas marinas, en Playa Larga se ha detectado, según el Borrador del Plan de Manejo de la Reserva Natural Caja de Muertos, una duna de arena de hasta dos metros de altura. Caja de Muertos se caracteriza por un precioso bosque xerofítico (seco), con una vegetación similar a la que encontramos en el Bosque Seco de Guánica.

El Cerro Morillito está unido a la reserva por una planicie conocida como La Hamaca. En La Hamaca, se encuentra la infraestructura para los visitantes y los trabajadores del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA). La misma consta de 15 gazebos, la oficina del DRNA, un centro educativo, baños de composta y cambiadores.

Pero no todo es color de rosa. Para María T. Chardón Avilés, oficial de manejo de la reserva, hace tres años, uno de los problemas que confronta, en términos de manejo y de administración, es la falta de personal y la burocracia gubernamental para conseguir equipo y materiales necesarios para el mantenimiento del área protegida. A pesar de ser un espacio protegido, la reserva también confronta problemas antropogénicos (ocasionados por el ser humano). Entre estos, Chardón Avilés señaló: los desperdicios sólidos que llegan a Playa Larga de las descargas de las desembocaduras del sur y la conducta de algunos visitantes. Su valor e importancia ecológica, así como los problemas que confronta, han hecho de su manejo un reto.

“Significa lucha, que cada cuatro años peligra con famosos proyectos ecoturísticos,” indicó Chardón Avilés cuando le preguntamos acerca de los problemas que confronta la reserva.

Este espacio posee gran valor en términos ecológicos. La oficial de manejo destacó que, junto a un excelente equipo de trabajo, ha conseguido la primera designación de bandera azul para Playa Pelícano, la restauración de la vereda submarina y la designación de una zona de no colección y recuperación arrecifal.

Otros datos:

  • Caja de Muertos era conocida como Isla Autía, por los indígenas, en relación a un roedor (jutía) que poseía gran parecido con la rata. Hay quienes apuntan a que el origen de su nombre se debe a un escritor francés, Jean Baptist Labat, quien la nombró Coffre A’morr en el siglo XVIII. Su apariencia, desde altamar, guarda similitud con la caja de un muerto.
  • Fue un lugar importante en la pesca de carey y, también, punto de referencia para los navegantes que se dirigían al sur de Puerto Rico.
  • En un momento, era utilizada como un campamento de prisioneros y escala para los corsarios.
  • El faro, que ubica en la parte más prominente de la isla, fue construido en 1883. Dicha construcción concluyó en 1887. El torrero, junto a su familia y ayudantes, habitaron la isla hasta mediados del siglo XX. Para más información sobre el faro, puede acceder a: http://edicionesdigitales.info/FarosPR/FarosPR/Caja_de_Muertos.html

  • De 1896-hasta la Segunda Guerra Mundial, se explotó la minería del guano.
  • Hay un monumento de la logia 7 de los masones, en la vereda que conduce al faro, que conmemora las reuniones celebradas por Segundo Ruiz Belvis y Ramón Emeterio Betances. Esta logia, conocida con el nombre de Aurora, auspició los estudios de Pedro Albizu Campos en Harvard.
  • Pictografías precolombinas se hallan en la cueva cercana al faro. La misma, por su difícil ubicación, se encuentra inaccesible al público.
  • Ramón Cedeño y su esposa, Rufina Cabrera, habitaron la isla durante casi cuatro décadas.
  • En 1951, A. Wirshing alquiló la isla por $300 dólares anuales. Este ponceño tuvo un pequeño zoológico en la isla
  • Bajo la incumbencia del ex gobernador de P.R., Rafael Hernández Colón, se construye la infraestructura que se halla en La Hamaca y se asigna una ferry para transportar pasajeros.
  • Posterior a Playa Larga se encuentra un bosque de manglar en una laguna hipersalina.
  • Cuantitativamente, los insectos son el grupo más representado.
  • Su nombre científico nos transmite sensualidad y cierto contoneo, Comocladia dodonaea, mientras que el común, chicharrón, nos evoca esa comida tan popular entre los  puertorriqueños. Sin embargo, esta especie constituye uno de los arbustos venenosos que se encuentran en la reserva.
  • La vegetación de Cayo Berbería es típicamente mangle.
  • Flora vulnerable: Bulbostylis currassaviva (junquillo).
  • Flora rara: Portulaca caulerpoides.
  • Flora en peligro de extinción: Myrtus bellonis, Chamaesyce cowellii.
  • La siguana de rabo azul (Ameiva wetmorei) ostenta, para muchos, el galardón de ser considerada una de las especies de iguanas más hermosas de la isla. Se encuentra, particularmente, en los bosques de Acacia y los matorrales de cactus.

  • Dos especies de tortugas, enlistadas como especies en peligro de extinción, anidan en las playas: carey de concha (Eretmochelys coriacea) y la tortuga verde (Chelonia mydas).
  • La boba prieta (Sula leucogaster) es la ave que más se destaca en la reserva.
  • Cayo Morillito es una área de anidaje de aves marinas, especialmente para la boba pardo (Sula leucogaster).
  • En Cerrillo Morillitos, anida el chirre de pico colorado (Phaethon aethereus).
  • El zorzal pardo (Margorops fuscatus) es la ave terrestre más abundante. Esta ave se come los huevos de las iguanas.
  • Los cabros, introducidos a la reserva, fueron removidos por el DRNA, en la década de los ochenta, debido al impacto negativo que ocasionaban a la vegetación.
  • Se han avistado manatíes en las costas de la reserva.
  • En Playa Pelícano, se destaca el carricoche, es decir, la presencia de restos de corales y de otros organismos marinos.
  • La reserva cuenta con arrecifes de borde (del noreste al sureste), de barrera, algunos parches coralinos (noroeste, oeste y este), y una laguna arrecifal.
  • Las praderas de yerbas marinas (Thalassia testudinum y Syringodium filiforme) constituyen uno de los ecosistemas marinos más importantes de la reserva.
  • Al igual que la Reserva Natura Isla de Mona y Monito, la de Caja de Muertos no ha estado exenta de ideas extravagantes. Por ejemplo, Pedro Muñiz, representante de la Cámara en 1963, entregó el plano de la Oficina de Turismo y Fomento al periódico El Mundo, en el cual se proyectaba la construcción de una hospedería y un aeropuerto en la reserva.
  • En Playa Larga, se encuentra una vereda submarina. Actividades, como el snorkeling y el buceo, forman parte de las alternativas de recreación marina que ofrece este espacio natural protegido.
  • Al este de la reserva, encontramos Punta Carrucho, un área distintiva por la cantidad de conchas de este molusco que encontramos a lo largo del camino. Si observa una de estas conchas, advertirá que tiene sus años. En efecto, las conchas que hallamos aquí se remontan a cientos de años atrás cuando los indígenas capturaban y limpiaban esta especie.
Agradezco a Ruperto Chaparro Serrano, director del Programa Sea Grant de la UPR-RUM, por darme acceso al Borrador del Plan de Manejo de la Reserva Natural Caja de Muertos. Asimismo, a Alberto Perdomo y a José Menéndez, de Sierra Club-PR, por su guía dentro de la Reserva Natural.  
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